de los amores de fin de semana
de los amores de fin de semana
Jan 28Aunque nos habíamos conocido en medio de las prisas, el bullicio y el estrés del trabajo, lo nuestro fue siempre un amor de fin de semana, una aventura de verano, unas vacaciones de nuestra vida diaria.
Después de un año me había acostumbrado ya a pasar la noche del viernes en trenes o autobuses, a volar de vez en cuando para hacer más ligero el traslado, a cargar la maleta hasta la oficina todos los viernes y regresar con ella el lunes temprano, muchas veces directo de la estación o el aeropuerto. Todo para pasar un par de noches contigo.
Eras lo primero que veía cada sábado, tú y tus gestos al abrir los ojos y encontrarme a tu lado, tú y tu renuencia a despertar temprano y aprovechar el día entero, tú y tu manía de andar desnudo por el departamento.
Nunca te vi despertar temprano un lunes para ir a la oficina o irte a dormir tarde por culpa del trabajo, ni tu me viste a mi ir al gimnasio por la mañana o tomar clases de baile los martes y los jueves, jamás te vi comer con prisa para regresar a atender pendientes, ni tú me esperaste hasta tarde los días en que me quedaba en la oficina hasta media noche, nunca aprovechamos un miércoles de cine juntos.
El fin de semana transcurria siempre de la misma manera, cine, películas, helados, comidas y horas encerrados, música, conciertos, museos y besos hasta el cansancio, caminatas, parques, cenas y luces apagadas. Eran como vacaciones de la vida real, nunca salimos con tus amigos ni conociste a mi familia, no hubo planes a futuro.
Después de años de ir y venir, de besarnos en aeropuertos, de vivir intensos nuestros días juntos y acostumbrarnos a vernos sólo dos días, pasaron semanas, meses y años sin hacerlo. Y ahora aquí estoy, sentada en el avión de nuevo, rumbo a mis primeras vacaciones en mucho tiempo, con los nervios revueltos pero con la certeza de que será lo mismo, siempre serás mi amor de fin de semana.
[Pensarte "para siempre" me dio miedo, hice maletas, di media vuelta y decidí que lo mejor era seguir siendo amantes de ratos, cómplices de un romance cuya mejor parte fuese el hecho de que nunca pudo ser del todo.]




















