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LoLaRocKeR | The Music In My Mind
De mis momentos más felices del 2014.

De mis momentos más felices del 2014.

Jan 05

Para aquellos que son cercanos a mi, no será sorpresa leer que las últimas semanas del 2014 fueron de las más difíciles de mi año. Justo por esa razón, como por ahí de la segunda semana de diciembre decidí hacer una lista con los momentos más felices del mismo. Fue así como descubrí gratamente que tengo un montón, momentos de diversión, de nuevas experiencias, de risas, de compartir, amigos, familia, amores, viajes. Sin demasiado detalle (y más con un fin documental para “mi misma”) aquí les van los que recuerdo más intensamente:

El primer día del año: Fuegos artificiales y amigos, estacionarnos sin que nos importara dónde, abrazarnos y brindar (aunque estuviéramos en la calle y con policías cerca).

La boda hindú con Molo: La comida, la música, la ceremonia… todo nuevo para mi (y para los papás de la novia, en cuya mesa nos sentaron). Fue un día lleno de nieve y nosotros vestíamos ropas tradicionales de la India, rematamos yéndonos así al ballet, fue un gran día.

Guerra de nieve para sacar el auto de ella: fuimos a esquiar, nevó muchísimo y, para sacar el auto de la nieve nos pusimos a hacer una guerra con ella. Terminamos congelados y empapados, pero no paraba de reir.

El Super bowl: Ganaron los Seahawks y yo lo vi en casa de un muchacho gringo con la experiencia completa: snacks, skittles-shots y todos con el jersey puesto. Al final -y gracias a que era un depa en lo alto de un edificio- vimos los fuegos artificiales desde el balcón y luego salimos a la calle al festejo.

El cumpleaños de Cami y su video sorpresa: Nunca habrá felicidad más grande que la de ver a alguien que quieres contento con algo que preparaste especialmente para él/ella. Creo que desde entonces siento a Cami más cercana y eso me encanta.

La noche de fiesta en New Orleans: Música de jazz en vivo, caminar con los tacones en la mano y hacerse amigos con el barman del bar aquel que estaba abierto las 24 horas. Todo en la compañía perfecta ;-)

El día en que me aventé de un paracaídas: Un instante de mucho miedo y luego libertad, emoción y un cielo rosa… tan parecido a la vida y a las decisiones que nos presenta caray. Y sí, lo volvería a hacer.

Ver NYC de noche desde la punta del Empire State: New York me encantó, pero este fue mi momento perfecto. Subimos de día, pero la noche siempre tiene algo mágico… las luces, la música… podría haberme quedado allí toda la noche.

El día que fuimos al bar en el que se inspiraron  para el de HIMYM: Soy fan de pocas cosas en la vida, pero me emocioné muchísimo en este lugar, tomé muchísimas fotos y no paraba de imaginar historias.

El “after” de la boda de Andrés y todas las aventuras de esa noche: Quienes estuvieron ahí lo recordarán, fue divertido, novedoso (para mi al menos), sexy y revelador. El choque después fue parte de la experiencia, la parte chusca de la historia.

Mi cumpleaños: Hace AÑOS que no pasaba un cumpleaños en el que me sintiera tan contenta. Me abrazaron mucho, me felicitaron por montones y, aquellos que estuvieron, supieron cómo hacerme sentir la MÁS especial.

El concierto de Arcade Fire: Mi primer concierto en el Gorge (ahora mi lugar favorito para conciertos EVER), la banda pidió que fuéramos de etiqueta o con difraces y casi todos cumplimos, lo que hizo que la experiencia visual del concierto fuera el complemento perfecto a la música, lo amé.

Cuando vi orcas: El día que descubrí que las orcas bebés son de color naranja y que no se llaman “ballenas salvajes” de a gratis. Hacía frío, corría el viento y fue impresionante, así recuerdo ese día.

El día de los jelly beans y la cannabis fancy legal: Nos reímos mucho, comimos muchos jelly beans y aprovechamos las ventajas de la legalización.

Los conciertos de Capital Cities: Puedo ver a esta banda 50 veces más sin cansarme (este año nomás los vi dos veces), tienen una energía que me encanta y SIEMPRE me hacen bailar, saltar, emocionarme, cantar hasta cansarme. Y eso… no cualquiera.

El día que nos fuimos a pintar las camisetas de colores con una bola de desconocidos: Nos olvidamos de la edad, los prejuicios y nos fuimos a pintarnos unos a otros… como si fuéramos niños de nuevo, por convivir, por compartir (con los amigos) y por hacer de nuestro sábado algo distinto. Fue una excelente idea.

El día de la cena en el restaurante del Lago: Soy una romántica… no diré más.

Los conciertos de los cumbieros: Otros grandes que me hacen bailar todo el tiempo, no hubo día que los viera y no terminara sudando. Me gusta escucharlos porque me hacen sentir en casa, y porque siempre hay amigos para compartir su música.

Las salidas con las mushashas (especialmente la vez del Kings y la de nuestra cena de navidad): “Mushashas” porque casi todas son del norte, esas mujeres que me hacen reir hasta que me duele el estómago, con las que bailé, bebí, lloré, reí, comí, compartí y mucho más. Esas mujeres que me han enseñado un modelo de amistad totalmente nuevo para mi.

Mi primer partido de Fútbol Americano: Seahawks vs 49ers (un clásico local). Desde la previa hasta el ardor de garganta por tanto grito. Estos juegos son INTENSOS, más cuando estás con alguien que te explica todo lo que sucede.

Cuando mi madre (y mis hermanos) vieron nevar por primera vez: Hay veces que solo basta ver sonreír a alguien que quieres para ser feliz… y cuando se trata de tu madre y tus hermanos, la felicidad se triplica y todo lo malo se olvida. Gracias por eso familia.

Mención especial a los correos electrónicos de aquella ya larga cadena que mantengo con mi “amigo el de guadalajara”… porque han seguido dándose a través de los años y siguen haciéndome sonreir siempre que llegan.

Seguro habrá algún buen momento que pasé de largo, pero hice esta lista con los primeros que vinieron a mi cabeza, con esos que solo de acordarme sonrío y me regresa la fe en el amor, en los amigos, la humanidad y el buen karma.

No miento cuando digo que el 2015 ya comenzó a generar buenos momentos y sus primeras sorpresas.

[Escribía porque así me evitaba hablar, porque así podía ordenar mis pensamientos en letras y no desbordarlos en palabras]

De los libros y cómo sus películas me rompen el corazón.

De los libros y cómo sus películas me rompen el corazón.

Oct 03

Hace unos días, mientras leía “This is where I leave you”, me detuve a mirar todas esas páginas que ya había pasado y me di cuenta de que hacía mucho tiempo que no doblaba tantas esquinas a un libro. Pero, ¿cómo no hacerlo si se trata de una historia con momentos de todo tipo: emotivos, indignantes, graciosos, románticos, tontos e incómodos?

Este libro fue un regalo de cumpleaños de una amiga, pero antes de eso fue un artículo de mi “wishlist” de cumpleaños, y antes de eso una recomendación de “Amazon” a raíz de mi gusto por los libros con historias que entrelazan la música, en particular, las novelas de Nick Hornby (dato que es útil más adelante en este relato).

Ya tenía yo el libro en mis manos cuando vi que la película saldría en poco tiempo. Por error –quizás- vi el tráiler y, aunque no me emocionó del todo, decidí que no dejaría que me influyera y comenzaría la lectura como de cero. Y lo logré, tanto que, pese a tener a los actores de la película como referencia, pude imaginarme a los personajes en otras caras y otros cuerpos.

Con este libro reafirmé mi gusto no sólo por las historias en las que la música juega un papel importante, sino también por aquellas en las que son los hombres quienes narran sus vivencias, más aún cuando son hombres románticos o enamorados. Me gusta leer cómo ven a las mujeres, lo que piensan cuando se dan cuenta de que las quieren, lo que les enoja, lo que les emociona y les preocupa; es una forma de entrar en su mundo y darse cuenta lo simples y básicos que pueden llegar a ser, lo simples que son sus decisiones, lo complicadas que somos nosotras, las féminas.

El libro me encantó, me reí mucho con él, me sentí más cerca al mundo de los hombres, me divertí al darme cuenta de que cada familia tiene sus peculiaridades(y su grado de “disfuncionalidad”), aprendí un montón de detalles acerca de las tradiciones de luto judías, etc etc etc… Por esas y muchas otras razones es que la película me rompió el corazón. Más que cuando vi “High fidelity”(aquí es dónde el dato de mi gusto por Hornby es útil), más que las injustificablemente largas versiones de “El Hobbit”, más que muchas otras “adaptaciones” que he visto en el cine.

Por eso decidí venir a escribirles, para que, si ya vieron la película, corran a leer el libro para que borren la imagen aburrida y sosa que tienen de la historia; o bien, si no la han visto, corran también por el libro, lo lean y luego nunca vean la película, para que esta no deshaga el mundo que su imaginación ha creado conforme a cada página.

A continuación, algunas quejas más, esta vez con peligro de spoiler (tanto del libro como de la película). Lean bajo su propio riesgo.

A través de las páginas de este libro Judd (el personaje principal) me conquistó, la manera en la que describía a las mujeres con las que se encontraba, lo simple que le resultaba enamorarse (y no al mismo tiempo) e imaginar su vida con una desconocida, lo romántico que era en su percepción de los momentos, el ambiente, los lugares… todo! Era imposible no quedar encantada con él, con sus historias acerca de su juventud, con su forma de enamorarse “como en los 80’s, con música de The Cure de fondo”. Él y Philiph, el hermano menor, fueron mis favoritos. Quizás por eso me dolió tanto que a su personaje en la película lo apagaran tanto, le dieran tan poca atención, incluso que omitieran el detalle de que Philiph tenía una frase de canción para todas las ocasiones y cómo las cantaba en los momentos más incómodos. ¡Vamos! Las canciones que elegía eran buenísimas, ¿qué les costaba? Era eso y que eligieran a un actor más guapo, más parecido al galán sin causa que se describe en las páginas de ese libro.

Además de eso, apagaron la relación de Judd con su padre al borrar por completo los sueños que tiene cada noche que pasa en la casa familiar, aspecto que a mi me ayudó mucho a entender la relación que llevaba con él, cómo poco a poco se despide de él en sueños y cómo lo percibe siempre como alguien que repara, que ayuda, que fortalece, alguien que le hace falta en este momento tan incompleto de su vida. También borraron totalmente el problema Judd con su hermano mayor, la forma en que hay tensión todo el tiempo entre ellos y cómo poco a poco van hablando y suavizando las tensiones. ¡Y lo de su cuñada! Ok, esa está justificada por la clasificación de la película, pero no negarán que es uno de los momentos más impactantes -e incómodos- del libro, uno no deja de leer porque la ansiedad por saber “¿qué va a pasar después?” es demasiada.

Pero claro, ¿cómo iban a hacer todo esto si cambiaron el orden de todo? Vamos, la película parece haber sido hecha mientras se leían páginas del libro de manera aleatoria, ¡y ni siquiera eligieron las mejores!

Finalmente (y sólo porque no quiero enlistar todas mis quejas), forzaron una historia de amor y cambiaron el final, cuando –según yo- en las últimas páginas del libro todo es mucho más incierto en cuanto a la decisión de Judd; pese a que la relación con Penny es mucho más romántica, con más detalle, con mucho más historia detrás.

Hay una parte de mi que  quiere gritar “Nunca más veré la adaptación de un libro que me guste al cine”; sin embargo, se que no es verdad, sé que lo haré de nuevo, sé que quizás me vuelvan a romper el corazón pero estoy dispuesta, soy una romántica caray.

Para quitarles el trago amargo, les recomiendo una película que sí me gustó, que sí me hizo reír muchísimo y que –en definitiva- reparó un poco el daño hecho por la anterior: “The Skeleton Twins”

de cuando te sientes en casa.

de cuando te sientes en casa.

Jul 28

Cuando tenía poco de haber llegado a vivir a esta esquina del mundo uno de los primeros amigos que hice en la ciudad me dijo que uno comenzaba a sentirse en casa cuando ya tenías un “bar habitual” (de esos donde ya siempre te vas directo a la misma mesa y en los que ya saben qué te tomas #alburfree), cuando al fin encuentras un sitio en el que te cortan el pelo como me gusta y… una tercera de la que ya ni él ni yo nos acordamos. Hoy cumplo 3 años viviendo aquí, en el “Pacific Northwest” y creo que ya me siento en casa.

Si,  ya hay un “bar habitual” y creo que es el mismo que el de ese amigo, hemos compartido ya varias pláticas en esa mesa que está junto a la ventana mientras nos tomamos in “Vodka and Tonic” (para mi) y una de esas bebidas donde mezclan Guiness con cidra(para él). La mesera, una mujer de caderas ámplias y rizos rubios ya sabe que no, no somos pareja y si, nos turnamos para pagar las cuentas.

Si, ya hay un lugar en el que me gusta cortarme el cabello y no solo un lugar si no un “Style professional” en particular. Ya no me espero a ir a México para cortarme el cabello (ok, a veces si, pero es meramente económico y circunstancial).

Además de esto… ¿qué más ha pasado para que Seattle, Bellevue, Redmond y todos estos lugares del “Puget Sound” me hagan sentir como en casa? Bueno, aquí les cuento…

  • El wey (si, así nos llevamos) que vende los boletos en la taquilla del Showbox (mi lugar favorito para conciertos en Seattle) ya me conoce, ya sabe mi nombre y ya me hace bromas acerca de la cantidad de boletos que compro. Es más, un día ya hasta me invitó un cigarro (pero yo no fumo) y la última vez que lo ví notó que estaba yo bronceada y me dijo que me veía guapa (EA!).
  • Ya no cargo con mi paragüas para todos lados, ya aprendí que la lluvia de Seattle es amable casi siempre y con un buen “raincoat” y unas botitas para la lluvia la haces. Además, cuando hay mucho viento, este abre los paragüas y sale peor.
  • Aprendí ya a ponerme shorts siempre que el termómetro marque más de 15ºC y mi cuerpo ya comienza a derretirse a partir de los 25ºC. Ya no me da tanto frío en invierno y mi piel delicada al sol ya no tiene tantas marcas como antes.
  • Ya acostumbré a decir que mido 5’5” y que peso 130 libras (aunque me siguen gustando más el sistema métrico). Así mismo, ya me acostumbré a que aquí no soy una mujer alta, soy más bien promedio tirándole a pequeña; además de que, sin hacer dietas ni bajar de peso, bajé de talla (aquí todo es más grande).
  • He ido encontrando lugares deliciosos para comer, de esos pequeños que no vienen en las guías para turistas. He probado ya una buena cantidad de cervezas locales y me gustan.
  • Ya no me paso los semáforos peatonales (ya vi que incluso en otros lugares de EUA se los pasan por el arco del triunfo, pero aquí son todos muy respetuosos).
  • Disfruto caminar por las playas frías en invierno, cuando hay focas y tienes que ir con chamarrota para no congelarte. Extraño, si, las playas mexicanas, pero he aprendido a reconocer el encanto de estas, distintas del todo. Y en verano, disfruto meter mis pies (si, aún no hay tanta valentía) para aliviar el calor.
  • Le he tomado cariño a los cambios de estación (el otoño es mi época favorita del año), y disfruto mucho de las actividades que vienen con cada una de ellas. Me gustan los cambios de color en los árboles en el otoño, el florecer de los cerezos en primavera (aunque luego me causen alergia estacional), esquiar en invierno y disfrutar del calor, los conciertos y películas al aire libre en verano.
  • Me gusta la variedad de festivales que ofrece la ciudad, el de cine, los de cerveza (si, en plural muchachos), los de música, los de comida, esos de videojuegos y cómics (a los que nunca he ido pero al muchacho le encantan), los miles de “meetups” que hay a diario en la ciudad y, en general, esa sensación de que -a pesar de ser una ciudad “pequeña”- siempre habrá algo interesante qué hacer.

Por último (lo más importante se deja para el final muchachos), creo que uno se siente en casa cuando siente que hay alguien en quien confiar, a quien llamarle cuando hace falta. La primera vez que yo sentí eso fue hace ya algún tiempo, cuando creí que había perdido mi pasaporte (larga historia), toda la ayuda que tuve aquella vez es la misma que he sentido presente “ever since”, tener alguien con quien reir, alguien con quien llorar, alguien con quien compartir secretos, alguien con quien hacer chistes, con quien festejar los triunfos, alguien a quien llamar para no comer sola… eso sin  duda es parte importante de sentir un lugar como “nuestro” y sin duda, es la razón más importante por la cual yo siento llegar a casa cada que me asomo por la ventana del avión y veo la cima de Rainier (cuando se ve claro, los días que está despejado). No se por cuánto tiempo más vaya a ser este mi hogar, pero ahora que lo es puedo decir que es un sitio en el que me siento excelente.

[Regresaste, si, pero sólo para darme mil razones para volver a correr en sentido opuesto]

De la wishlist de mis últimos 20′s

De la wishlist de mis últimos 20′s

Jul 14

Ya viene mi cumpleaños y, como en muchos otros años de mi vida, hago una wishlist. No solo para que ustedes tengan idea de qué puede hacerme feliz, sino para que en unos años, cuando venga yo a leer estos escritos, me acuerde yo de las cosas materiales (y las no tanto) que quería a para celebrar mis últimos veintes. Seguro algún día me reiré de lo que hay en esta lista como hoy me rio al recordar cuando mi más grande sueño era tener un rerpoductor de MP3 en el que cupieran 100 canciones.

En fin, aquí les va mi lista en la que -según yo- se nota que cada vez estoy más cerca del tercer piso (y ya soy menos hippie y así) pero que hay cosas que no cambiarán nunca (como mi gusto por llevar la música a todos lados). La lista inicia con esos deseos improbables y luego unos más terrenales, de todo pues:

Un vuelo redondo Seattle-BCN para ir a la boda de mi amiga Lucía en Septiembre. Anden, no tienen que pagarme hospedaje ni nada, solo el vuelo, yo hago el resto. Pueden buscar vuelos aquí [LINK]

Una Macbook Air de las de 11 pulgadas, la más básica. Solo quiero algo que pese menos de 2 kilos para ir y venir a trabajar. La encuentran aquí [LINK]

Un maletín rojo para la computadora, uno que no parezca de muchachita de prepa. Este es mi favorito. [LINK]

Unos audífonos para nadar. Estos (con un mini iPod incluído) son la mejor opción que he encontrado. [LINK]

Wivenhoe Park… porque las ganas de leer novelas con música de por medio nomás no se me acaban. [LINK]

Una smartband, hace meses que tengo ganas de usar una para hacer tracking de mi actividad y creo que la nueva de Sony es una buena opción. [LINK]

Un six de estas delicias (son buenísimas y solo las hacen en verano). [LINK]

Un kilo (una libra es muy poco) de “Rainier cherries”, porque esas tampoco serán suficientes nunca… [de esas no hay link, vayan a un mercado muchachos]

Un porta pasaporte (el que tengo me trae malos recuerdos). Este es mi favorito [LINK]

Gift Cards para ir al cine, hay muchas películas que quiero ver y mi bolsillo sufre. [LINK]

Los libros de Game of Thrones… porque ya estuvo bueno de estar esperando por la siguiente temporada y vivir en la eterna duda. BTW, en este caso podrían darme la versión para Kindle ;-) [LINK]

Una felicitación masiva con tuits. Esta app sirve para eso, van: [LINK]

Estos lentes oscuros (porque nunca son suficientes). [LINK]

Boletos para conciertos (plis plis plis). Estos son los que tengo en mente [Hercules & Love Affair] [Spoon- Viernes 25 del CHBP] [Jason Mraz en acústico]

Casi todas estas (y otras) opciones las encuentran en mi wishlist de Amazon. [LINK]

De todo lo que me provocó “Boyhood”

De todo lo que me provocó “Boyhood”

Jun 16

Películas acerca del paso de la vida hay muchas y seguramente todas ellas (o la gran mayoría) están hechas para provocarnos momentos de reflexión y esa sensación de ser solo un expectador y no un participante en el paso del tiempo. Sin embargo, siempre hay una separación entre aquellos que vemos la historia y los que la viven, quizás por la forma en que van saltando las escenas en el tiempo, quizás porque no terminamos de creernos que los actores se vean igual a los 15 que a los 25 (pese a los kilos de maquillaje que les ponen). Con “Boyhood” -al menos a mi- me pasó diferente, no hay saltos, solo una línea contínua y desde la primera escena, más que una película, parecemos estar viendo los recuerdos de alguien.

El rodaje de esta película comenzó hace 12 años, un proyecto que nació cuando el director Richard Linklater decide escribir un guión acerca de un niño de 7 años, guión en el que contaría la historia de este niño hasta que este llegara a los 18. La película, fuera de ser una de esas historias fantásticas que me gustan por la forma en que me hacen escaparme de la realidad, me pareció más una ventana a la historia de alguien más, sin demasiado retoque, casi al natural, como si fueran un montón de videos paparazzi acera de la vida de “Mason”, ese niño cuya mirada no cambia a través de los años. Una cinta que para mi fue también una manera interesante de conocer de cerca la forma en que un niño va creciendo, a momentos tan distinto de lo que yo recuerdo de mi infancia como fémina.

La música es otro elemento importante de la película, la selección de la misma me parece un factor interesante, porque seguramente no se habrá pensado en ella desde un inicio, sino que las canciones fueron añadiéndose conforme al paso del tiempo, de manera similar a como cada uno de nosotros va contruyendo el “soundtrack” de su vida. En la primera escena suena “Yellow”, de Coldplay y a lo largo de la película podemos escuchar a músicos como Paul McCartney, Cat Power, Yo la Tengo, Gotye, The Hives, entre otros; ayudando con cada canción a construir una imagen completa de la historia y su contexto.

Para mi ver esta película, más allá de ser una forma de entretenimiento, fue un pretexto para recordar mi infancia, para reirme de mi etapa adolescente y para reafirmar el hecho de que, no importa cuan adulto seas, siempre habrá decisiones complicadas, siempre habrá finales y nuevas etapas… y al final nada será tan grave como parece.

Sin más, les dejo el trailer de la película y una lista que hice para que puedan escuchar la música de la misma. Según leí, “Boyhood” estará en cines el 11 de Julio, estén atentos, vale mucho la pena verla.

Aquí está el Soundtrack:

[A veces te escribo solo en lugares que no puedes ver]