del tiempo [que quiero pasar contigo]

del tiempo [que quiero pasar contigo]

May 15

Habíamos pasado una noche increíble, como todas las que recordaba haber pasado contigo desde que nos conocimos; abrí los ojos con los primeros rayos de sol y moví las cobijas que me atrapaban en la cama junto a ti, bajé los pies con cuidado para no despertarte, el piso estaba helado. Caminé a la cocina, en dónde aún había restos de la cena, dos copas de vino vacías me recordaron nuestra plática el día anterior, iniciamos sin saber porqué brindar y terminamos haciéndolo por todo, pero principalmente: por nosotros.

La mesa de la sala estaba llena de esas revistas de viajes que te comprabas para que planeáramos los nuestros, recuerdo que dejaste de comprarlas cuando te diste cuenta de que habíamos hecho ya tantos planes que, de no comenzar ya, no acabaríamos en 10 años. ¿Estaremos juntos en 10 años?

El perchero estaba lleno de tus abrigos, ignoro en qué momento comenzaste a acumularlos, a dejarlos olvidados, cuando comenzaste a conquistar este espacio como lo hiciste conmigo: lento, discreto, certero. De un momento a otro tu ropa iba ocupando espacio en el armario, un cepillo de dientes tuyo era huésped permanente en el lavabo y una botella de tu loción favorita se camuflajeaba entre mi colección de perfumes.

Dormías aún, revuelto entre las sábanas, con el cabello alborotado y, a pesar de todo ese desorden que parecía venir contigo, en mi vida no hacías sino lo contrario: hacer que todo resultara perfecto, ordenado, en el lugar preciso a cada momento.

Touch me in the night time
All I want from you is love
And I know you can give such sweet moments
To last me so long
Cos, you make me feel so strong
All I want to do is spend a lifetime with you, Baby
Make it happen
All I want to do is spend a lifetime with you, Baby
Oh girl
All I want to do is spend a lifetime with you, Baby
Cos you make me that good
And nothing else matters
Until you’re in my arms, girl
And all those broken promises we made to each other
We have so much more to give
I know that we can do this
That’s how I want to live
Eternally, together
All I want to do is spend a lifetime with you, Baby
All I want to do is spend a lifetime with you, Baby
Will you make it happen for us now
Please this time
You know I need your touch honey
I want your touch honey
Like the morning sun has just begun
Girl, like the rain on my window pane
Girl, if I could make you stay
More than one day
Eternally together
Oh girl I need your touch
Oh girl I want your loving
Sweet, you know that we can make it happen
For you and for me to be
And eternally together we will be

[Sentirte cerca se había vuelto tan natural que parecía increíble haber pasado tanto tiempo lejos de ti.]

de los recuerdos incompletos…

de los recuerdos incompletos…

Mar 14

Había logrado encontrarte de nuevo, logramos coincidir en medio de la ciudad más grande del mundo; no pude evitar sonreírte, no encontré motivos para dejar de hacerlo, así como tú no los encontraste para caminar en mi dirección, para proponerme tomar un té(seguías sin tomar café), para invitarme al cine.

Pasamos la tarde juntos, como lo hacíamos hace años, sin silencios incómodos ni miradas esquivas. Me contaste de tus últimos viajes y de cómo el proyecto que habías iniciado hace tiempo no había funcionado; yo te conté de mi, de mis amores, de la música nueva que había ido descubriendo, de los lugares a los que había ido en todo este tiempo.

No se si fuiste tú o fui yo quien comenzó a hablar de las veces que te había recordado, de los lugares que me hubiera gustado que vieras, de toda la música que pensaba en compartirte sin hacerlo, de todos los conciertos a los que fui esperando encontrarte(y resultó que en algunos de ellos estábamos los dos), hablaste de todos los lugares que te recordaban mis manías, de los sitios a los que nunca más fuiste por no recordar como llegar sin mi ayuda, de todas esas exposiciones a las que te habías acostumbrado a ir por mi culpa.

Quedamos en vernos algún otro día y así lo hicimos, y luego otro más y otro y otro; era como si el tiempo no hubiera pasado y hubiéramos retomado una historia antes inconclusa desde el mismo punto en que la habíamos dejado. Al final de uno de aquellos encuentros terminamos en tu casa, ese lugar en el que habíamos pasado tantas noches juntos. Ahí seguía esa cobija que usábamos en los inviernos para ver películas en el sillón, la tetera que había comprado para prepararte infusiones por las mañanas, las postales que te había traído de mi viaje a Argentina.

Nos perdimos entre recuerdos y nos besamos entre memorias, cuando mi ropa cayó al suelo recordé lo mucho que te costaba limpiar el piso y en el momento en que el sol me despertó con su luz recordé que no te gustaban las cortinas oscuras. Las semanas transcurrieron llenas de memorias que regresaban: tu gusto por el pan recién horneado, tu costumbre de usar colores oscuros en días soleados, tus alergias a las frutas.

De repente me encontré de nuevo preparándote el té en las mañanas, volví a traerte postales de mis viajes, de nuevo íbamos a conciertos y regresamos a todos esos sitios a los que nunca fuimos sin estar juntos. Había recordado tus costumbres, tus defectos, tu sonrisa cínica y tu forma de besarme el cuello. Lo único que no había logrado recordar era porqué nos habíamos separado aquella primera vez.

Aún hoy me da miedo preguntar si tú lo recuerdas.

[But darling, remember please]

del domingo 7…

del domingo 7…

Mar 08

Dos semanas antes semanas que me habías dicho que ya no querías nada conmigo pero, ¿qué quieres?, soy una necia.

Era 7 de marzo, tu cumpleaños; desde hacía días te había comprado un disco, de esa música que -aunque no era mi favorita- me encantaba verte bailar. Había marcado ya varias veces tu número, deteniéndome siempre antes de presionar el botón para llamar. Finalmente te llamé, al ser domingo pensé que: seguramente estarías festejando en familia (primer tono de marcado), o quizás con esos amigos de los que siempre hablabas y que vivían cerca de tu casa (segundo tono de marcado), o bien podrías estar con…

Contestaste al tercer tono. Bueno. Hola, feliz cumpleaños. Hola, gracias ¿como estás?. Bien, ¿y tú? ¿festejando?. No, mudándome. ¿de verdad?¿a dónde?. Muy cerca de la universidad, una casa nueva. Wow, no sabía que te cambiarías de casa. Pues así es, aquí estoy acomodando mis cosas. Yo estoy cerca de la universidad también y tengo un regalo para ti. ¿De verdad? Pues veámosnos. Claro ¿te veo en la esquina de cafetales y calzada del hueso?, hay unos helados que seguro no has probado. Perfecto, ¿en 15 minutos está bien?. Claro, ahí te veo. Bye. Besos.

15 minutos después estábamos comiendo helado mientras hablábamos de tu mudanza y tus nuevos planes. 30 minutos después ya se me había olvidado [de nuevo] de por qué ya no estábamos juntos, 45 minutos fue lo que nos tomó caminar hasta la que era en ese momento “Tu nueva casa”. Claro, de otra forma no hubiéramos podido escuchar el disco aquel.

La nueva casa estaba vacía, el único sitio con muebles era tu habitación en la planta alta; nada complejo, sin cortinas ni closet, solo una cama, un puff, un escritorio, ropa regada y tus uniformes del equipo en un par de maletas, un balón y -por supuesto- una grabadora. Con la primera canción ya estabas bailando, con la segunda me habías convencido a mi de hacerlo y cada movimiento nos llevaba más y más cerca. Creo que no llegamos a la 5a canción con la ropa puesta.

Hacía calor, las ventanas estaban abiertas y la luna comenzaba a brillar, en un último impulso de locura e intensidad se me hizo fácil lanzar nuestra ropa por la ventana. Subimos el volumen a la música para que nadie nos escuchara, jugué con tus chinos alborotados y me dejé llevar por tus besos. El disco terminó, me puse una camiseta tuya, bajé a la cocina para servir un par de vasos de agua, regresé y seguías recostado sobre la cama, con esa sonrisa de niño que nunca perdiste.

“Es un disco doble” dijiste, para luego invitarme “¿Lo seguimos escuchando?”. No esperaste mi respuesta y me jalaste hacia ti, creo que fue la primera vez que me dio gusto que el disco de un intérprete hasta ahora desconocido para mi fuera doble; la música siempre de mi lado.

Años después nos encontramos en esa misma esquina, comimos helado y caminamos. Me contaste como tus vecinos de quejaron por la ropa en el suelo, la música a todo volumen y la despreocupación de dos adolescentes con la luz encendida y las ventanas abiertas.

[Y en el fondo, sabía que mentías siempre que decías que este era el final]

de los buenos días…

de los buenos días…

Feb 17

Estaba  acostumbrado a despertar contigo a lado, decirte buenos días con esa primera sonrisa que tenías aún antes de abrir los ojos; habías dejado de sonreirme a mi, ahora solo lo hacías para despedirte de tus sueños. Se nos habían acabado los temas de conversación, los planes juntos, los amigos en común, las noches de locura… y ahora deambulabas por la casa, callada siempre.

Me gustaba verte bailar desnuda en la ducha; jamás habías cambiado tu costumbre de bañarte con las puertas abiertas(decías que era para escuchar mejor la música), nunca tendiste la cama luego de levantarte tarde, ni recogiste tus muchos libros de los rincones en donde los ibas olvidando ¿habías terminado de leer alguno de ellos? o, como yo, habrán sufrido también de tu miedo a saber qué va a pasar al final.

De a poco me fui acostumbrando a verte de lejos, a respetar tu espacio, a perderte a ratos, a jamás discutir; a comer en silencio, a jugar con mis ideas, a no extrañarte y pretender ser feliz.

Supe que te habías ido al no ver tus discos favoritos, los tenis que solías usar para las caminatas largas y tus audífonos grandes, esos que usabas cuando querías aislarte de todo. Habías desaparecido sin despedirte, cuidando cada detalle para que no me diera cuenta de lo habías hecho, no fue sino al tercer intento de localizarte que me di cuenta de que no estabas aquella noche, supe que no estarías ahí a la siguiente mañana, con tu sonrisa grande y los buenos días.

[Hubiera sido mejor terminar todo antes de la primera promesa, quedarnos callados, sin esperar nada más.]

de los amores de fin de semana

de los amores de fin de semana

Jan 28

Aunque nos habíamos conocido en medio de las prisas, el bullicio y el estrés del trabajo, lo nuestro fue siempre un amor de fin de semana, una aventura de verano, unas vacaciones de nuestra vida diaria.

Después de un año me había acostumbrado ya a pasar la noche del viernes en trenes o autobuses, a volar de vez en cuando para hacer más ligero el traslado, a cargar la maleta hasta la oficina todos los viernes y regresar con ella el lunes temprano, muchas veces directo de la estación o el aeropuerto. Todo para pasar un par de noches contigo.

Eras lo primero que veía cada sábado, tú y tus gestos al abrir los ojos y encontrarme a tu lado, tú y tu renuencia a despertar temprano y aprovechar el día entero, tú y tu manía de andar desnudo por el departamento.

Nunca te vi despertar temprano un lunes para ir a la oficina o irte a dormir tarde por culpa del trabajo, ni tu me viste a mi ir al gimnasio por la mañana o tomar clases de baile los martes y los jueves, jamás te vi comer con prisa para regresar a atender pendientes, ni tú me esperaste hasta tarde los días en que me quedaba en la oficina hasta media noche, nunca aprovechamos un miércoles de cine juntos.

El fin de semana transcurria siempre de la misma manera, cine, películas, helados, comidas y horas encerrados, música, conciertos, museos y besos hasta el cansancio, caminatas, parques, cenas y luces apagadas. Eran como vacaciones de la vida real, nunca salimos con tus amigos ni conociste a mi familia, no hubo planes a futuro.

Después de años de ir y venir, de besarnos en aeropuertos, de vivir intensos nuestros días juntos y acostumbrarnos a vernos sólo dos días, pasaron semanas, meses y años sin hacerlo. Y ahora aquí estoy, sentada en el avión de nuevo, rumbo a mis primeras vacaciones en mucho tiempo, con los nervios revueltos pero con la certeza de que será lo mismo, siempre serás mi amor de fin de semana.

[Pensarte "para siempre" me  dio miedo, hice maletas, di media vuelta y decidí que lo mejor era seguir siendo amantes de ratos, cómplices de un romance cuya mejor parte fuese el hecho de que nunca pudo ser del todo.]

de lo que no [te] escribo…

de lo que no [te] escribo…

Jan 25

Había comenzado a pensar en historias desde aquel día en que colgamos el teléfono luego de reir por horas en él; dejé caer un par de frases en mi cuaderno, otro par más en servilletas, en el vaso del café, en la botella que nos terminamos la noche que al fin me besaste; no me decidía a unirlas.

Regresó la inspiración que te habías llevado contigo el día en que decidiste que no habría despedidas, volvieron las historias que me dejabas en la cabeza cada que me contabas de tu pasado, estaban de vuelta tus canciones, tu sonrisa ladeada, tu manía de caminar siempre de prisa. En un momento de debilidad tuve de nuevo la sensación de que ahora si era para siempre.

Y traté de seguir escribiendo nuestra historia, esa que había abandonado a medias, esa que no pude seguir escribiendo porque el personaje principal había muerto. Traté de plasmarla antes de que el sentimiento pasara, de nuevo, porque todo pasa; pero no pude siquiera escribir la primera línea, me invadió el miedo de que con ella se fueran todas las posibles.

[No es que no tuviera sueño, era más bien que no podía resignarme a no poder pasar otra noche contigo.]